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Desde Instituto Hispánico de Murcia queremos que sepáis que todas las lenguas tienen su prosodia, su propia musicalidad, y a diferencia de la del italiano o el francés, la de español tiene su base en las palabras llanas.

El español tiene su propio ritmo, su música particular, es el modo en que hablamos lo que posee una melodía única y característica.

En lingüística, esa cadencia se llama prosodia y viene del griego clásico.

Es por la prosodia por lo que cuando nos encontramos en un país extranjero muchas veces podemos reconocer a un compatriota sin llegar a oír lo que dice, simplemente por la musicalidad que destila su manera de hablar.

Y al revés: solo en contadas ocasiones quienes aprenden un segundo idioma pueden desprenderse de la entonación y el ritmo característicos de su lengua materna, por eso se dice que hablan con ‘acento‘.

La penúltima sílaba

Los hispanohablantes, en lo que a prosodia se refiere, tenemos un rasgo en común: todos hablamos llano, en sentido literal. Porque la inmensa mayoría de las palabras que componen el castellano son llanas, es decir, al pronunciarlas las acentuamos en la penúltima sílaba. 

Nada menos que el 79,50% del vocabulario español está compuesto por palabras llanas. Las agudas (aquellas que al hablar se acentúan en la última sílaba) representan únicamente el 17,78%. Y las esdrújulas (esas en las que la intensidad se deja sentir en la antepenúltima sílaba) sólo un  2,72%.

Es una particularidad del castellano y en otras lenguas romances no es así.

En el italiano, por ejemplo, la mayoría de las palabras son esdrújulas.

Fragola, que significa fresa, se pronuncia poniendo ímpetu en su primera ‘a‘. Y lo mismo ocurre con undici, el número 11, donde el énfasis se deja sentir en la ‘u‘.

Y el francés, está repleto de palabras agudas.

Sólo hay que ver Liberté, égalité, fraternité (libertad, igualdad, fraternidad). Las tres se pronuncian poniendo mayor intensidad de voz en la última sílaba.

La ‘llanura‘ del castellano también tiene efectos prácticos. El hecho de que abunden las palabras llanas —y en concreto las que acaban en vocal, en ‘s‘ o en ‘n‘— hace que sean pocas las palabras que llevan tilde.

La entonación y modulación varían mucho de España a América Latina, y en cada país existen además varias prosodias internas.

fuente: semana

Instituto Hispánico de Murcia | Spanish Courses in Spain

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