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En Instituto Hispánico de Murcia os contamos la existencia de la letra h, porque aunque no suene, en ella hay mucha sustancia.

Aunque a lo largo de la historia ha habido numerosos intentos por suprimirla, ahí sigue. 

La dificultad de la H estriba en que es la única letra del alfabeto español muda, la única que no posee sonido alguno.

Únicamente se pronuncia cuando va precedida de la C, formando de ese modo el sonido CH, pero cuando va ella sola, huérfana de C, es como si no existiese.

El problema es que en español hay más de 2.000 palabras que comienzan con esa letra H, que pasa inadvertida ya que no se deja oír.

Y, para más agravio aún, la H también puede aparecer intercalada, en medio de palabras como zanahoria, adhesivo, tahúr o bahía. El caso es que la H no siempre fue muda.

Los fenicios, los primeros al parecer en utilizarla, la pronunciaban como una "J" aspirada.

Los griegos la adoptaron del fenicio dándole la forma mayúscula con que hoy la conocemos y pronunciándola como una suave aspiración. Del griego paso al latín, donde poco a poco fue suavizando su sonido.

Del latín la H dio el salto al español, donde también en un principio se decía aspirada, es decir, acompañada de una pequeña explosión de aire similar a la que caracteriza hoy en día a la pronunciación de la H aspirada del inglés.

Pero, además de adueñarse de varios vocablos en latín que iniciaban con la H, el español se apropió también de numerosas palabras latinas que empezaban con F, y que también en castellano comenzaban en un principio con esa letra.

Pero con el pasar de los años, y dado que en algunas zonas de España esa F se pronunciaba también aspirada, esa letra inicial empezó a ser sustituida por la H a partir del siglo XIV.

Es el caso por ejemplo de farina, que pasó a ser harina; del verbo hacer (que en sus orígenes era facer), de helecho (felecho en la Edad Media), herir (ferir), hurto (furto), humo (fumo), higo (en "El Cantar del Mío Cid", que data de alrededor del año 1200, aparece como figo) y tantos otros vocablos.

Y ese cambio también afectó a palabras que tenían la H intercalada, como es el caso de búho (bufo en latín).

La RAE sostiene que hasta mediados del siglo XVI la H aún se pronunciaba por medio de una aspiración en algunas palabras, sobre todo en aquellas que originalmente comenzaban por la F latina.

La H sirve a la hora de escribir para diferenciar palabras homófonas, vocablos que en el lenguaje hablado suenan exactamente igual aunque tienen significados distintos.

Porque no es lo mismo huno que uno, hojear que ojear, hola que ola o hala que ala. Aunque hay varias palabras que la RAE admite que se escriban indistintamente con o sin H: harmonía o armonía, harpa o arpa, harpillera o arpillera, hurraca o urraca, por señalar algunas.

fuente: semana

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